Esa sensación. Esa puta sensación de sentirte absolutamente
incomprendida en todo el universo. De sentir la soledad más intensa comiéndote
los huesos. Millones de dedos, manos y brazos que solo surgen para señalar cada
error, aplaudir cada fracaso y mostrar un pulgar hacia abajo frente a cada
intento de progreso. Poco importa cuando tanta oscuridad viene de gente que no
aporta a tu vida. Pero ahí radica el problema. Uno aprende a hacerse fuerte
frente a lo que el mundo tenga para decir sobre vos. Pero cuando ese mundo está
compuesto por las personas que en teoría deberían ser quienes te apoyan, el
dolor se hace invencible.